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Por primera vez, los Estados Unidos tienen en usted un Presidente que defiende con valentía el derecho a la vida, que no se averguenza de denunciar la persecución de los Cristianos en todo el mundo, que habla de Jesucristo y del derecho de los ciudadanos a la libertad de culto. Su participación en la Marcha por la Vida, y más recientemente su proclamación del mes de Abril como Mes Nacional de la Prevención del Abuso Infantil, son acciones que confirman de qué lado desea usted luchar. Y me atrevo a creer que ambos estamos del mismo lado en esta batalla, aunque con armas diferentes.
Por esta razón, creo que el ataque al que fue sometido después de su visita al Santuario Nacional de San Juan Pablo II es parte de la narrativa mediática orquestada que busca no luchar contra el racismo y traer el orden social, sino agravar las disposiciones; no traer justicia, sino legitimar la violencia y el crimen; no servir a la verdad, sino favorecer a una facción política. Y es desconcertante que haya Obispos - como los que recientemente denuncié - que, con sus palabras, demuestran que están alineados en el lado opuesto. Ellos están subordinados al Estado Profundo, al globalismo, al pensamiento alineado, al Nuevo Orden Mundial que invocan cada vez más frecuentemente en nombre de una hermandad universal que no tiene nada de Cristiano, pero que evoca los ideales Masónicos de aquellos que quieren dominar el mundo expulsando a Dios de las cortes, de las escuelas, de las familias, y quizás incluso de las iglesias.
El pueblo Estadounidense es maduro y ya ha comprendido cuánto los medios de comunicación dominantes no quieren difundir la verdad sino que tratan de silenciarla y distorsionarla, difundiendo la mentira que es útil para los propósitos de sus amos. Sin embargo, es importante que los buenos, -que son la mayoría-, despierten de su lentitud y no acepten ser engañados por una minoría de personas deshonestas con propósitos inconfesables. Es necesario que los buenos, los hijos de la luz, se reúnan y hagan oír su voz. ¿Qué manera más efectiva hay de hacer esto, Sr. Presidente, que orando, pidiendo al Señor que lo proteja a usted, a los Estados Unidos y a toda la humanidad de este enorme ataque del Enemigo? Ante el poder de la oración, los engaños de los hijos de las tinieblas se derrumben, sus tramas serán reveladas, su traición será mostrada, su espantoso poder terminará en la nada, sacado a la luz y expuesto como lo que es: un engaño infernal.
Sr. Presidente, mi oración se dirige constantemente a la querida nación Americana, donde tuve el privilegio y el honor de ser enviado por el Papa Benedicto XVI como Nuncio Apostólico. En esta hora dramática y decisiva para toda la humanidad, rezo por usted y también por todos aquellos que están a su lado en el gobierno de los Estados Unidos. Confío en que el pueblo Americano esté unido conmigo y con vosotros en la oración a Dios Todopoderoso.
Unidos contra el Enemigo Invisible de toda la humanidad, te bendigo a ti y a la Primera Dama, la amada nación Americana, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
+ Carlo Maria Viganò
Arzobispo titular de Ulpiana
Ex Nuncio Apostólico en los Estados Unidos de América